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Tops de la semana 06/04/14

Bueno,en primer lugar quería disculparme por esta semana de inactividad pero como eran las vacaciones de Semana Santa, supongo que nos perdonáis. Todos necesitamos unos días libre de vez en cuando ¿no? En segundo lugar, simplemente anunciar que los tope de esta semana van dedicados a la trilogía de Divergente, para celebrar el estreno de la adaptación al cine de la segunda entrega de la serie, Insurgente. Y, sin más dilación, el personaje de la semana es…. ¡Tis Prior! Tris4 Y la frase de la semana es: “Duerme, si las pesadillas vienen por ti, yo lucharé contra ellas” Tobias Eaton/4

Nos leeremos!!

B.

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Insurgente. Noticias

Bueno, aquí os traemos las primeras noticias sobre las próximas películas de la saga de Divergente, de Verónica Roth:

insurgente

Fechas de Estreno

Esta película se estrenará el 25 de marzo de 2015 en EEUU, y poco después la podremos disfrutar en los demás países (de momento no hay más fechas de estreno oficiales de la película).

Dividir el final de nuestras sagas favoritas ya se va convirtiendo en costumbre para nosotros ¿verdad? Y es que Lionsgate reveló que el tercer, y último, libro de esta saga, Leal (Alegiant) será dividido en dos partes, que saldrán a la gran pantalla en marzo de 2016 y 2017 respectivamente.

 

Reparto

Además de todos los personajes que ya conocimos en la primera entrega, tenemos que dar la bienvenida a unos cuantos más:

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Octavia Spencer como Johanna Reyes.

marlene

Suki Waterhouse como Marlene.

edgarJonny Weston como Edgar

(Edgar es un nuevo personaje creado por los guionistas de la película)

evelyn

Naomi Watts como Evelyn Johnson-Eaton.

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Daniel Dae Kim como Jack Kang.

lynn
Rosa Salazar como Lynn.

uriah
Keiynan Lonsdale como Uriah.

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Emjay Anthony como Hector.

 

¿Qué os parecen? ¿Os lo imaginabais así?

Antes de despedirnos os dejamos con una nueva imagen de la sede de Cordialidad.

insurgente.cordialidad

Dejadnos todas vuestras opiniones!!!

Nos leeremos!!

B.

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The Transfer. Verónica Roth. PDF

Nos han llegado dos comentarios pidiendo la historia de The transfer, uno para ponerla en español y otro para ponerla en inglés.  Así que aquí os los traemos.

En español.

The Transfer – Veronica Roth – Español

En inglés:

The Transfer – Ingles (DM)

Espero que los disfrutéis.

Nos leeremos 🙂

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Mini libro de Veronica Roth “El Transferido”

Hace apenas unos días me enteré de que Veronica Roth, la escritora de la trilogía Divergente , iba a escribir cuatro mini libros desde el punto de vista de Tobias Eaton, nuestro Cuatro. Por ahora solo tiene el primero, El Transferido, pero pronto tendremos con nosotros El Iniciado, El Hijo y El Traidor. 

Espero que os gusta tanto como nos ha gustado a nosotras.

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El Transferido: Una Historia de Divergente
Emerjo de la simulación con un grito. Mi labio punza, y cuando quito mi mano de él, hay sangre en mis dedos. Debo haberlo mordido durante la prueba.
La mujer de Osadía administrando mi prueba de aptitud—Tori, dijo que era su nombre—me mira extrañada mientras se jala el largo cabello negro y lo amarra en un nudo. Sus brazos están llenos de tinta, flamas y rayos de luz y alas de halcón.
“Cuando estabas en la simulación… ¿sabías que no era real?” me dice Tori mientras apaga la máquina. Suena y se ve normal, pero es una normalidad estudiada, aprendida con años de práctica. Lo noto cuando lo veo. Siempre lo hago.
De pronto estoy consciente de mis propios latidos. Esto es lo que mi padre dijo que sucedería. Me dijo que me preguntarían si había estado consciente durante la simulación, y me dijo qué debía decir cuando me lo preguntaran.
“No,” digo. “Si lo hubiera estado, ¿crees que me hubiera mordido el labio hasta desangrármelo?”
Tori me observa por unos segundos y luego se muerde el borde del labio antes de decir, “Felicidades. Tu resultado fue Abnegación.”

Tori

Tori

Asiento, pero la palabra “Abnegación” se siente como un nudo en mi garganta.
“¿No estás contento?” dice ella.
“Mis compañeros de facción lo estarán.”
“No pregunté por ellos, pregunté por ti.” Los ojos y la boca de Tori se inclinan hacia abajo en los extremos como si soportaran un pequeño peso. “Esta es una sala segura. Puedes decir lo que quieras aquí.”
Yo sabía cuáles serían mis opciones en la prueba de aptitud desde antes que llegara a la escuela esta mañana. Elegí comida en vez de un arma. Me arrojé frente al perro para salvar a la niñita. Yo sabía que, después de haber tomado estas decisiones, la prueba terminaría y recibiría Abnegación como resultado. Y no sé que habría tomado otras decisiones si mi padre no me hubiera preparado, si no hubiera controlado cada parte de la prueba de aptitud desde lejos. Así que, ¿qué esperaba? ¿Qué facción quería yo?
La que sea. La que sea menos Abnegación.
“Estoy contento,” dije firmemente. No me importa lo que diga Tori; ésta no era una sala segura. No hay salas seguras, ni verdades seguras, ni secretos seguros para contar.
Todavía puedo sentir los dientes del perro clavándose en mi brazo, rasgando mi piel. Le asentí a Tori y comencé a caminar hacia la puerta, pero justo antes de que me fuera, sus manos tomaron mi codo.
“Tú eres el que tendrá que vivir con tu elección,” me dice. “Todos los demás lo superarán, seguirán adelante, sin importar lo que decidas. Pero tú nunca lo harás.”
Abrí la puerta y caminé hacia afuera.
—–
Regreso a la cafetería y me siento en la mesa de Abnegación, entre personas que apenas si me conocen. Mi padre no me permite acercarme a la mayoría de los eventos comunitarios. Dice que lo arruinaré todo, que haré algo para dañar su reputación. No me importa. Soy más feliz en mi habitación, en la silenciosa casa, que rodeado de la deferente y apologética Abnegación.
La consecuencia de mi ausencia constante, sin embargo, es que los otros Abnegación son cautelosos con respecto a mí, están convencidos de que hay algo mal conmigo, de que soy malo o inmoral o extraño. Ni siquiera aquellos dispuestos a asentirme en señal de saludo se atreven a mirarme a los ojos.
Me siento, apretando mis rodillas, y miro a las otras mesas, mientras los otros estudiantes terminan sus pruebas de aptitud. La mesa Erudita está cubierta de material de lectura, pero ninguno de ellos está estudiando; sólo están presumiéndolo e intercambiando conversaciones en vez de ideas, volviéndose a los libros cada vez que creen que alguien los está observando. Los Verdad están hablando fuertemente, como siempre. Los Cordialidad están riendo, sonriendo, sacando comida de sus bolsillos y pasándoselo a los demás. Los Osadía son estridentes y ruidosos, colgados sobre las mesas y las sillas, inclinándose sobre los otros y pinchándose y molestándose.
Yo quería cualquier otra facción. La que sea menos la mía, donde todos han decidido ya que yo no valía su atención.
Finalmente, una mujer Erudita entra en la cafetería y levanta una mano pidiendo silencio. Los Abnegación y Eruditos guardan silencio inmediatamente, pero tiene que gritar varias veces “¡Silencio!” para que los Osadía, los Cordialidad y los Verdad la noten.
“Las pruebas de aptitud han finalizado,” dice. “Recuerden que no tienen permitido discutir sus resultados con nadie, ni siquiera sus amigos o familia. La Ceremonia de Elección será mañana en la tarde en el Cubo. Lleguen por lo menos diez minutos antes de que comience. Pueden retirarse.”
Todos corren hacia las puertas excepto nuestra mesa, donde esperamos a que todos salgan antes de si quiera levantarnos. Conozco el camino que mis compañeros Abnegados tomarán cuando salgamos, caminar por el pasillo y salir por las puertas de entrada hasta la parada del autobús. Podrían estar ahí más de una hora dejando que otras personas se subieran antes que ellos. No creo que pueda soportar más este silencio.
En lugar de seguirlos, me escabullo por una puerta hacia un callejón a un lado de la escuela. He tomado esta ruta antes, pero usualmente camino sin prisa por aquí, sin querer ser visto u oído. Hoy, lo único que quiero hacer es correr.
Corro hacia la salida del callejón y salgo a una calle vacía, saltando sobre un bache en el pavimento. Mi floja chaqueta de Abnegación ondea en el viento y me la suelto de los hombros, dejando que vuele detrás de mí como una bandera y luego la dejo ir. Me remango la camisa hasta los codos mientras corro, ralentizándome hasta trotar cuando mi cuerpo ya no puede soportar correr. Se siente como si toda la cuidad corre junto a mí, difuminándose, los edificios mezclándose. Escucho los golpes de mis zapatos como un sonido separado a mí.
Finalmente tengo que parar, pues mis músculos están ardiendo. Estoy en el vertedero de los Abandonados que se encuentra entre el sector Abnegación y la sede de Erudición, la de Verdad y nuestras áreas comunes. En todas las reuniones de facción, nuestros líderes, usualmente hablando a través de mi padre, nos dicen que no tengamos miedo de los Abandonados, que los tratemos como seres humanos en vez de como criaturas rotas y perdidas. Pero ellos nunca me han dado miedo.

Tobias, alias Cuatro

Tobias, alias Cuatro

Me muevo a la banqueta para poder mirar a través de las ventanas de los edificios. La mayoría del tiempo lo único que veo es muebles viejos, habitaciones desnudas, pedazos de basura en el suelo. Cuando la mayoría de los residentes de la ciudad se fueron (como debieron haber hecho, pues nuestra población actual no llena todos los edificios), no debieron haberse ido con prisa, pues los espacios que ocupaban estaban demasiado limpios. Nada de interés quedó. Cuando paso por una esquina, sin embargo, veo algo adentro. La habitación más allá de la ventana está vacía como todas las otras por las que he pasado, pero detrás de la puerta puedo ver unas brasas, una fogata encendida.
Frunzo el ceño y me detengo frente a la ventana para ver si se puede abrir. Al principio no cede, pero entonces la muevo hacia atrás y adelante y se abre. Meto primero mi torso y luego mis piernas, cayendo al suelo en un revoltijo de extremidades. Mis codos arden al rasparse contra el suelo.
El edificio huele como a comida cocida y humo y sudor. Me inclino hacia las brasas, buscando voces que me avisen de presencia de Abandonados aquí, pero sólo hay silencio.
En la siguiente habitación, las ventanas están oscurecidas por pintura y suciedad, pero un poco de luz solar logra filtrarse a través de ellas, así que puedo ver que hay colchones dispersos en toda la habitación y viejas latas con pedazos de comida seca dentro de ellos. En el centro de la sala hay una pequeña parrilla de carbón. La mayoría de los carbones están blancos, su combustible ha sido gastado, pero uno todavía está prendido, sugiriendo que quien sea que haya estado aquí lo estuvo recientemente. Y juzgando por el olor y la abundancia de viejas latas y cobijas, debía de haber un buen número de ellos.
Siempre me habían enseñado que los Abandonados vivían sin comunidad, aislados de los demás. Ahora, mirando este lugar, me pregunto por qué lo creí. ¿Cómo sería evitar que hicieran grupos, justo como nosotros hemos hecho? Está en nuestra naturaleza.
“¿Qué haces aquí?” pregunta una voz, y viaja a través de mí como una descarga eléctrica. Me doy la vuelta y veo a un hombre manchado y con cara hundida en la siguiente habitación, limpiando sus manos en una toalla rasgada.
“Yo sólo estaba…” Miro el fuego. “Vi fuego. Eso fue todo.”
“Oh.” El hombre mete el borde de la toalla en su bolsillo trasero. Usa pantalones negros de Verdad, parcheado con tela azul de Erudito, y una camisa gris de Abnegación igual a la que estoy usando. Está delgado como un riel, pero se ve fuerte. Lo suficiente como para lastimarme, pero no creo que lo haga.
“Gracias, supongo,” dice. “Nada está incendiado aquí, de cualquier forma.”
“Puedo ver eso,” digo. “¿Qué es este lugar?”
“Es mi casa,” dice con una sonrisa fría. Le falta uno de sus dientes. “No sabía que tendría invitados, así que no me molesté en arreglar.”
Bajo la mirada hacia las latas tiradas. “Debes sacudirte y moverte mucho si requieres tantas sábanas.”
“Nunca conocí a un Estirado que se entrometiera tanto en los asuntos de las otras personas,” dice. Se acerca a mí y frunce el ceño. “Te me haces un poco familiar.”
Sé que no puedo haberlo conocido antes, no donde vivo,  rodeado de casas idénticas en el vecindario más monótono de la ciudad, rodeado de personas en un idéntico gris con un idéntico cabello corto. Entonces se me ocurre: tan escondido como mi padre intenta mantenerme, aun así es el líder del consejo, una de las personas más prominentes de nuestra ciudad, y me parezco a él.
“Lamento haberte molestado,” digo en mi mejor voz Abnegación. “Será mejor que me vaya.”
“Sí te conozco,” dice el hombre. “Eres hijo de Evelyn Eaton, ¿cierto?”
Me tenso al escuchar su nombre. Han pasado años desde la última vez que lo escuché, pues mi padre no habla de ella, ni siquiera parece reconocerlo cuando lo escuche. Estar conectado con ella de nuevo, aun cuando sólo es por el parecido facial, se siente extraño, como ponerse una vieja prenda de ropa que ya no te queda.
“¿Cómo la conoces?” Él debe conocerla bien como para poder verla en mi cara, la cual es más pálida que la suya y los ojos azules en vez de café oscuro. La mayoría de la gente no veía lo suficientemente cerca como para notar todas esas cosas que teníamos en común: los dedos largos, las narices ganchudas, las cejas rectas y fruncidas.
Vacila un poco. “Se ofreció como voluntaria con los Abnegación a veces. Repartiendo comida y sábanas y ropa. Tenía una cara memorable. Además, estaba casada con un líder del consejo. ¿Acaso no todo el mundo la conocía?”
A veces sé que las personas están mintiendo por la manera en la que siento las palabras cuando se presionan en mí, incómodas y erróneas, como la forma en la que un Erudito se siente cuando lee una oración gramaticalmente incorrecta. Sea como sea que haya conocido a mi madre, no fue porque le dio una lata de sopa. Pero estoy tan ansioso por escuchar más sobre ella que no insisto en el tema.
“Murió, ¿lo sabías?” Digo. “Hace años.”
“No, no lo sabía.” Su boca se inclina un poco hacia una de las esquinas. “Lamento escuchar eso.”
Me siento raro, parado en este lugar oscuro que huele como a cuerpos vivos y humo, entre estas latas vacías que sugieren pobreza y el hecho de que no encajan. Pero también hay algo atractivo sobre este lugar, libertad, negación a pertenecer a estas arbitrarias categorías que hemos hecho para nosotros mismos.
“Tu Elección debe ser mañana, pues te ves bastante nervioso,” dice el hombre. “¿Qué facción te tocó?”
“No debo decírselo a ninguna persona,” digo automáticamente.
“Yo no soy ninguna persona,” dice. “Yo soy nadie. De eso se trata ser Abandonado.”
De cualquier forma, no digo nada. La prohibición contra decir mi resultado de la prueba de aptitud, o cualquiera de mis otros secretos, está establecida con firmeza en el molde que me hace y me rehace diario. Es imposible cambiar ahora.
“Ah, un seguidor de las reglas,” dice, como si estuviera decepcionado. “Tu madre me dijo una vez que sentía como si la inercia la hubiera llevado a Abnegación. Era el camino de menor resistencia.” Se encoge de hombros. “Créeme cuando te digo, Eaton, que vale la pena resistirse.”
Siento una oleada de ira. Él no debería estarme hablando sobre mi madre como si le perteneciera a él y no a mí, no debería hacerme cuestionar todo lo que recuerdo sobre ella sólo porque pudo o no haberle servido comida una vez. No debería estarme diciendo nada en absoluto; es nadie, un Abandonado, separado, nada.
“¿Sí?” Digo. “Mira adonde te llevó la resistencia. Viviendo de latas en edificios derrumbados. No suena tan bien para mí.” Camino hacia la puerta por la que el hombre acababa de emerger. Sé que encontraré una puerta que salga en algún lugar detrás del edificio; no me importa dónde sea mientras me pueda sacar rápido.
Sigo un camino a través del piso, tratando de no pisar las sábanas. Cuando llego al pasillo, el hombre dice, “Preferiría comer de una lata que ser estrangulado por una Facción.”
No miro atrás.
—–
Cuando llego a casa, me siento en el primer escalón e inhalo profundamente el aire fresco de primavera por unos minutos.
Mi madre fue la que me enseñó a robarme momentos como éste, momentos de libertad, aunque ella no lo sabía. La observaba mientras ella los tomaba, escurriéndose por la puerta después de que oscurecía cuando mi padre estaba dormido, caminando de vuelta a casa cuando la luz del Sol estaba apareciendo por detrás de los edificios. Los tomaba aun cuando estaba con nosotros, parada en la tina con los ojos cerrados, tan distante del presente que no parecía escucharme cuando le hablaba.
Pero también aprendí algo más al observarla, y es que los momentos libres siempre tienen que terminar.
Me levanto, sacudiéndome el polvo de los pantalones, y abro la puerta. Mi padre está sentado en el sillón de la sala, rodeado de papeleo. Me enderezo, alto, para que no me regañe por ir jorobado. Camino hacia las escaleras. Tal vez puedo irme a mi cuarto sin que me note.
“Háblame sobre tu prueba de aptitud,” dice, y apunta a un sillón para que me siente.
Cruzo la sala, cuidadoso de no pisar una pila de papeles en la alfombra, y me siento donde me indicó, justo en el borde del cojín para poder pararme rápido.
“¿Bien?” Se quita los lentes y me mira expectante. Puedo oír la tensión en su voz, ese tipo de tensión que sólo se desarrolla después de un arduo día de trabajo. Debo ser cuidadoso. “¿Cuál fue tu resultado?”
Ni siquiera pienso en rehusarme a decirle. “Abnegación.”

Marcus, el padre de Tobias

Marcus, el padre de Tobias

“¿Y nada más?”
Frunzo el ceño. “No, por supuesto que no.”
“No me mires así”, dice, y mi ceño desaparece. “¿Nada extraño sucedió en tu prueba?”
Durante mi prueba, sabía dónde estaba; sabía que a pesar de que sentía que estaba parado en la cafetería de mi escuela secundaria, en realidad sentado en una silla en la sala de la prueba de aptitud y que mi cuerpo estaba conectado a una máquina por una serie de cables. Fue extraño. Pero no quiero haberle sobre eso ahora, no cuando puedo ver el estrés  brotando de él como una tormenta.
“No,” digo.
“No me mientas,” dice, y toma mi brazo, sus dedos apretándome como un tornillo. No lo miro.
“No lo estoy haciendo,” digo. “Obtuve Abnegación, justo como esperaba. La mujer apenas y me miró cuando salí de la habitación. Lo prometo.”
Me suelta. Mi piel pulsa donde me agarró.
“Bien,” dice. “Estoy seguro de que tienes cosas qué pensar. Deberías ir a tu habitación.”
“Sí, señor.”
“Oh,” dice. “Algunos de mis compañeros del consejo vendrán esta noche, así que debes cenar temprano.”
“Sí, señor.”
—–
Antes de que el sol se ponga, tomo comida de la alacena y el refrigerador: dos panecillos y zanahorias crudas, todavía con las hojas, un pedazo de queso, una manzana y sobras de pollo sin condimentar. Toda la comida sabe igual, como a polvo y pegamento. Mantengo los ojos en la puerta para no chocar con los compañeros de mi padre. No le agradaría que yo todavía estuviera aquí cuando ellos vengan.
Me estoy terminando un vaso con agua cuando el primer miembro del consejo aparece en mi puerta, y corro por la sala antes de que mi padre la abra. Espera con la mano en la perilla, levantando sus cejas hacia mí y me deslizo alrededor del barandal. Apunta a las escaleras y subo rápidamente, mientras él abre la puerta.
“Hola, Marcus.” Reconozco su voz, es Andrew Prior. Es uno de los amigos más cercanos de mi padre del trabajo, lo que no significa nada, pues nadie realmente conoce a mi padre. Ni siquiera yo.
Desde las escaleras miro a Andrew. Se está limpiando los zapatos en el tapete. Los veo a él  a su familia a veces, una unidad Abnegación perfecta, Natalie y Andrew, y el hijo y la hija (quienes no son gemelos pero ambos van dos años abajo de mí en la escuela), caminando tranquilos por las banquetas y saludando con la cabeza a la gente. Natalie organiza todos los esfuerzos voluntarios para los Abandonados con los Abnegación; mi madre debió haberla conocido, aunque en raras ocasiones iba a los eventos sociales de Abnegación, y prefería guardarse sus secretos como yo guardo los míos, escondidos dentro de esta casa.
Andrew cruza miradas conmigo, y corro por el pasillo hacia mi habitación, cerrando la puerta tras mí.
Según las apariencias, mi cuarto es tan disperso y limpio como cualquier otro cuarto Abnegación. Mis sábanas grises están plegadas estrechamente en el colchón delgado, y los libros de mi escuela están ordenados en una torre perfecta en mi escritorio de madera. Un pequeño aparador que contiene conjuntos idénticos de ropa se encuentra a lado de una pequeña ventana, la cual sólo deja entrar una diminuta franja de luz en las tardes. A través de ella puedo ver la casa de al lado, que es igual a la mía, excepto que está cinco pies más allá.
No sé cómo es que la inercia se llevó a mi madre a Abnegación, si es que el hombre realmente estaba diciendo la verdad sobre lo que le había dicho ella. Puedo imaginarlo pasándome a mí también, mañana cuando esté parado frente a los tazones de los elementos de las facciones con un cuchillo en mi mano. Hay cuatro facciones las cuales no conozco o confío, con prácticas que no entiendo y sólo una es familiar, predecible, comprensible. Si elegir Abnegación no me llevará a una vida de felicidad extasiada, por lo menos me llevará a un lugar cómodo.
Me siento en el borde de la cama. No, no lo hará, pienso, y luego borro la idea de mi cabeza, pues sé de dónde viene: esa parte infantil de mí que le teme al hombre hablando en la sala. El hombre cuyos nudillos conozco mejor que sus abrazos.
Me aseguro de que la puerta esté cerrada y atoro la silla del escritorio debajo de la perilla sólo por si acaso. Entonces me acuclillo a un lado  de la cama y meto la mano debajo hasta alcanzar un baúl que guardo allí.
Mi madre me lo dio cuando era chico, y le dijo a mi padre que era para meter las sábanas, que lo había encontrado en un callejón en alguna parte. Pero cuando lo puso en mi cuarto, no lo llenó con sábanas. Cerró mi puerta y se llevó los dedos a los labios y lo puso sobre mi cama para que lo abriera.
Dentro del baúl había una escultura azul. Parecía agua cayendo, pero en realidad era vidrio, perfectamente claro, pulido, perfecto.
“¿Qué hace?” le pregunté entonces.
“No hace nada obvio,” me dijo, y sonrió, pero su sonrisa fue apretada, como si temiera algo. “Pero puede haber algo aquí dentro.” Se tocó el pecho, justo sobre el esternón. “Puede hacer cosas hermosas.”
Desde entonces he llenado el baúl con cosas que los demás llamarían inútiles: viejos lentes sin cristal, fragmentos de placas desechadas, bujías, cables pelados, el cuello roto de una botella verde y el filo oxidado de un cuchillo. No sé si mi madre los habría llamado hermosos, ni siquiera sé si lo son para mí, pero cada una de estas cosas me llamó la atención de la misma manera en la que lo hizo la escultura, como si fueran cosas secretas y valiosas por el simple hecho de ser pasadas por alto.
En lugar de pensar en mi prueba de aptitud, tomo cada uno de los objetos y las envuelvo en mis manos, pues he memorizado cada parte de cada uno.
—–
Me levanto al escuchar los pasos de Marcus en el pasillo justo afuera de mi habitación. Estoy acostado en la cama con los objetos esparcidos por el colchón alrededor de mí. Sus pasos se hacen más lentos al acercarse a la puerta. Y tomo las bujías y las placas y los cables y los echo en el baúl y lo cierro, metiendo la llave en mi bolsillo. Me doy cuenta en el último momento, cuando la perilla comienza a moverse, que la escultura todavía está afuera, así que la meto debajo de la almohada y deslizo el baúl bajo la cama.
Entonces corro hacia la silla y la jalo de la perilla para que mi padre pueda entrar.
Cuando lo hace, mira la silla en mis manos con suspicacia.
“¿Qué estaba haciendo eso aquí?” pregunta. “¿Estás tratando de evitar que entre?”
“No, señor.”
“Es la segunda vez que me mientes hoy,” dice Marcus. “No crie a mi hijo para que fuera un mentiroso.”
“Yo…” no puedo pensar en algo qué decir, así que cierro la boca y llevo la silla de vuelta al escritorio donde pertenece, justo debajo del perfecto montón de libros.
“¿Qué estabas haciendo aquí que no querías que viera?”
Aprieto el respaldo de la silla con fuerza y me quedo mirando los libros.
“Nada,” digo tranquilamente.
“Ahora van tres mentiras,” dice, y su voz es baja pero dura como piedra. Camina hacia mí y retrocedo instintivamente. Pero en lugar de llegar a mí, se agacha y saca el baúl de debajo de la cama e intenta levantar la tapa. No cede.
El miedo corre por mi estómago como una daga. Pellizco el dobladillo de mi camisa, pero no puedo sentir las puntas de mis dedos.
“Tu madre decía que era para sábanas,” dice. “Dijo que habías tenido gripe. Pero lo que siempre me he preguntado es, si todavía tiene sábanas dentro, ¿por qué lo cierras con llave?”
Extiende la mano con la palma hacia arriba y me levanta una ceja. Sé lo que quiere: la llave. Y tengo que dársela, porque puede ver que estoy mintiendo; puede verlo todo sobre mí. Meto mi mano en el bolsillo y pongo la llave en la suya. Ahora no puedo sentir mis palmas y la respiración empieza, aquella respiración poco profunda que siempre viene cuando sé que él está a punto de explotar.
Cierro los ojos mientras abre el baúl.
“¿Qué es esto?” Sus manos se mueven por los preciados objetos sin cuidado, dispersándolos a la derecha e izquierda. Los saca uno por uno y me los lanza. “¿Para qué necesitas esto o esto…?”
Me estremezco, una y otra vez, y no tengo una respuesta. No los necesito. No necesito nada de eso. “¡Esto es demasiado auto-indulgente!” grita, y tira el baúl hacia el borde de la cama, haciendo que todo su contenido caiga al suelo. “¡Envenena la casa con egoísmo!”
Tampoco puedo sentir la cara.
Sus manos chocan contra mi pecho. Tropiezo hacia atrás y choco contra el aparador. Entonces jala la mano hacia atrás para pegarme, y a pesar de que mi garganta está estrecha por el miedo, digo: “¡La Ceremonia de Elección, papá!”
Detiene su mano alzada, y me acobardo, encogiéndome hacia el aparador, mis ojos demasiado borrosos como para ver bien. Usualmente trata de no hacerme moretones en la cara, especialmente para días como mañana, cuando mucha gente me estará observando, viéndome elegir.
Baja la mano y por un segundo creo que la violencia se acabó, que la furia está controlada. Pero entonces dice: “Bien. Quédate aquí.”
Me hundo en el aparador. Sé que no debo pensar que se irá y reflexionará la situación y regresará con una disculpa. Nunca hace eso.
Regresará con un cinturón, y las cicatrices que marque en mi espalda serán escondidas por una camisa y una obediente expresión Abnegación.
Me doy la vuelta y un escalofrío recorre mi cuerpo. Agarro el borde del aparador y espero.
Esa noche duermo sobre mi estómago, dolor atacándome a cada pensamiento, con mis pertenencias rotas en el suelo alrededor de mí. Después de que me golpeó hasta que tuve que meter mi puño en mi boca para amortiguar los gritos, pisoteó cada uno de los objetos hasta que estuvieron rotos o tan abollados que eran irreconocibles, y luego lanzó el baúl hacia una pared haciendo que la tapa se rompiera de las bisagras.
El pensamiento emerge: Si eliges Abnegación, jamás te alejarás de él.
Empujo mi cara contra la almohada.
Pero no soy lo suficientemente fuerte como para resistir esta inercia de Abnegación, este miedo que me conduce por el camino que mi padre ha construido para mí.
—–
A la mañana siguiente tomo una ducha fría, no para conservar los recursos como los Abnegación enseñan, sino porque alivia el dolor de mi espalda. Me visto lentamente en mis ropas de Abnegación simple y floja, y me paro frente al espejo del vestíbulo para cortar mi cabello.
“Déjame hacerlo,” dice mi padre, desde el otro lado del vestíbulo. “Después de todo, es tu Día de la Elección.”
Ponto las tijeras en el borde creado por el panel corredizo y trato de enderezarme. Se para detrás de mí y vuelvo los ojos mientras las tijeras comienzan a cortar mi cabello. Sólo hay una medida para las tijeras, una sola longitud de cabello aceptable para un hombre Abnegación. Hago una mueca cuando sus dedos estabilizan mi cabeza y espero que no lo vea, que no vea cómo el menor de sus toques me atemoriza.
Y mi corazón de repente está latiendo tan fuerte, y mi cara está tan caliente, que apenas si puedo soportarlo.
“No te preocupes por el dolor,” le dijo. “He tenido mucha práctica.”
Por un segundo, sus ojos son como dagas en el espejo y mi furia desapareció, reemplazada por aquel miedo familiar. Pero lo único que hace es dejar las tijeras sobre la repisa y bajar por las escaleras, dejándome para que barra el cabello cortado, para que me lo quite del cuello y hombros, para que me lleve las tijeras al cajón del baño.
Entonces regreso a mi cuarto y me quedo viendo los objetos rotos del suelo. Cuidadosamente, los recolecto en una pila y los pongo en el bote de basura, pieza por pieza.
Con una mueca de dolor, me agacho. Mis piernas están temblando.
En ese momento, mirando el tipo de vida que me he hecho aquí y a los restos destrozados de lo poco que tenía, pienso: Tengo que salir de aquí.
Es un pensamiento fuerte. Puedo sentir su fuerza zumbando dentro de mí como el interior de una campana, así que lo pienso de nuevo. Tengo que salir de aquí.
Camino hacia la cama y deslizo mi mano debajo de la almohada, donde la escultura de mi madre todavía está a salvo, azul y reflejando la luz matutina. Lo pongo en mi escritorio, a un lado de una pila de libros, y me voy de mi habitación, cerrando la puerta tras mí.
“Sabes qué esperar,” dice. Cubre mi oreja con una mano mientras con la otra corta un pedazo de cabello. Hoy trata de proteger mi oído de ser cortado y ayer me pegó con el cinturón. El pensamiento se siente como veneno corriendo por mis venas. Es casi divertido. Casi me dan ganas de reír.
“Te pararás en tu lugar; cuando te llamen,  caminarás hacia el cuchillo. Después te cortarás y derramarás la sangre en el tazón correcto.” Nuestros ojos se encuentran en el espejo y presiona su moca en algo parecido a una sonrisa. Toca mi hombre y me doy cuenta de que estamos casi de la misma altura y tamaño, aunque me siento demasiado pequeño.
Entonces agrega gentilmente, “El cuchillo sólo dolerá por un momento. Después tu elección estará tomada y todo terminará.”
Me pregunto si siquiera recordará lo que sucedió ayer, o si ya pasó a una sección diferente en su mente, manteniendo a su monstruo medio separado de la mitad de su padre. Pero yo no tengo esas secciones, y puedo ver todas sus identidades una sobre otra como capas, monstruo y padre y hombre y líder del consejo y viudo.
Abajo, estoy demasiado nervioso para comer, pero logro meter un pedazo de pan tostado en mi boca para que mi padre no pregunte nada. No debería preocuparme. Ahora pretende que no existo, pretende que no me duele cada vez que tengo que agacharme para recoger algo.
Tengo que salir de aquí. Es un grito ahora, un mantra, lo único a lo que puedo aferrarme que me queda.
Termina de leer las noticias que el Erudito saca todas las mañanas y yo termino de lavar mis trastes, y salimos de la casa juntos sin hablar. Caminamos por la banqueta y él saluda a nuestros vecinos con una sonrisa, y todo está como siempre en perfecto estado para Marcus Eaton, excepto su hijo. Excepto yo, yo no estoy en perfecto estado, estoy en constante desorden.
Pero hoy, estoy feliz de eso.
Nos subimos al autobús y nos paramos en el pasillo para dejar que los demás se sienten alrededor de nosotros, una perfecta imagen de la deferencia de Abnegación. Veo a los demás subir, chicos y chicas Verdad gritando, Eruditos con miradas estudiosas. Miro a los otros Abnegación levantarse de sus asientos para cederlos. Todos van al mismo lugar hoy: el Cubo, un pilar negro en el horizonte, con sus dos dientes cortando el cielo.
Cuando llegamos, mi padre pone su mano en mi hombro al llegar a la entrada, mandando choques de dolor por todo mi cuerpo.
Tengo que salir de aquí.
Es un pensamiento desesperado, y el dolor sólo lo estimula con cada paso que doy mientras subo las escaleras hacia el piso de la Ceremonia de Elección. Lucho por aire, pero no es por el dolor de mis piernas; es por mi corazón débil, fortaleciéndose con cada segundo que pasa. Detrás de mí, Marcos se enjuga perlas de sudor de su frente, y todos los otros Abnegación cierran sus labios evitando respirar muy fuerte para que no pareciera que se estuvieran quejando.
Levanto los ojos hacia las escaleras frente a mí y me siento en llamas con este pensamiento, esta necesidad, esta oportunidad de escapar.
Llegamos al piso correcto y todos se detienen para recuperar el aliento antes de entrar. La habitación está oscura, las ventanas bloqueadas, los asientos arreglados alrededor del círculo de tazones que contienen vidrio y agua y piedras y carbones y tierra. Encuentro mi lugar entre una chica Abnegación y un chico Cordialidad. Marcus se para frente a mí.
“Sabes qué hacer,” dice, y es más como si se lo estuviera diciendo a él que a mí. “Sabes cuál es la decisión correcta. Sé que lo sabes.”
Me concentro en un punto debajo de sus ojos.
“Te veré pronto,” dice.
Camina hacia la sección Abnegación y se sienta en la primera fila junto con otros líderes del consejo. Eventualmente, las personas llenan la sala, aquellos que están a punto de elegir se paran en un cuadrado en el borde, aquellos que miran en las sillas del centro. Las puertas se cierran y hay un momento de silencio mientras el  representante del consejo de Osadía camina hacia el estrado. Su nombre es Max. Enrolla sus dedos en el borde del podio y puedo ver, incluso desde aquí, que sus nudillos están magullados.
¿Aprenden a pelear en Osadía? Deben hacerlo.
“Bienvenidos a la Ceremonia de Elección,” dice Max, y su profunda voz llena la habitación fácilmente. No necesita el micrófono; su voz es lo suficientemente alta y fuerte para penetrar en mi cráneo y envolver mi cerebro. “Hoy escogerán sus facciones. Hasta este punto han seguido el camino de sus padres, las reglas de sus padres. Hoy encontrarán su propia camino y harán sus propias reglas.”
Casi puedo ver a mi padre presionar sus labios con desdén ante tal típico discurso de Osadía. Conozco sus hábitos tan bien que casi lo hago yo mismo, a pesar de que no comparto el sentimiento. No tengo opiniones particulares sobre los Osados.
“Hace mucho tiempo, nuestros ancestros se dieron cuenta de que cada uno de nosotros, cada individuo, era responsable por la maldad que existía en el mundo. Pero no todos concordaron en qué era el mal,” dice Max. “Algunos dijeron que era la deshonestidad…”
Pienso en las mentiras que he dicho, año con año, acerca de este moretón o aquella cortada, las mentiras de omisión que había dicho cuando mantenía los secretos de Marcus.
“Algunos dijeron que era la ignorancia, otros que la agresión…”
Pienso en la paz de las huertas de Cordialidad, la libertad de la violencia y la crueldad que encontraría allí.
“Algunos dijeron que el egoísmo fue la causa.”
Esto es por tu propio bien es lo que Marcus había dicho antes de que me soltara el primer golpe. Como si golpearme fuera un acto de auto-sacrificio. Como si lo lastimara hacerlo. Bueno, pues no fue él quien estaba cojeando en la cocina esta mañana.
“Y el último grupo dijo que era la cobardía a la que había que culpar.”
Unos cuantos gritos se escucharon en la sección de Osadía, y el resto de los Osados rieron. Pienso en el miedo tragándome anoche hasta que no podía sentir mi cuerpo, hasta que no podía respirar. Pienso en los años que me han molido en polvo bajo los talones de mi padre.
“Así es como formamos las Facciones: Verdad, Erudición, Cordialidad, Abnegación y Osadía.” Max sonríe. “En ellos encontramos administradores y maestros y consejeros y líderes y protectores. En ellos encontramos nuestro sentido de pertenencia, nuestro sentido de comunidad, nuestras propias vidas.” Carraspea. “Suficiente con eso. Comencemos. Acércate y toma el cuchillo, después haz tu elección. El primero: Zellner, Gregory.”
Parece adecuando que el dolor me siguiera de mi antigua vida a la nueva, con el cuchillo enterrándose en mi mano. Aun así, ni siquiera esta mañana sabía qué facción elegiría como refugio. Gregory Zellner sostiene su mano sangrante sobre el tazón de tierra, elige Cordialidad. Cordialidad parece una elección obvia para un refugio con su vida pacífica, sus huertas dulces y su comunidad sonriente. En Cordialidad encontraría la aceptación que he estado buscando toda mi vida, y quizás, con el tiempo, aprendería cómo sentirme cómodo conmigo mismo y con quien soy.
Pero al mirar a la gente sentada en esa sección, con sus rojos y amarillos, sólo veo gente completa y sanada, capaces de animarse el uno al otro, capaces de apoyarse el uno al otro. Son demasiado perfectos, demasiado amables, como para que alguien como yo llegue a sus brazos con furia y miedo.
La ceremonia pasa rápido. “Rogers, Helena.”
Elige Verdad.
Sé lo que sucede en la iniciación de Verdad. Escuché susurros sobre eso en la escuela un día. Ahí estaría expuesto a todos mis secretos, tendría que sacarlos todos. Tendría que despellejarme vivo para unirme a los Verdad. No, no puedo hacer eso.
“Lovelace, Frederick.”
Frederick Lovelace, vestido en azul, corta su mano y deja que su sangre corra hacia el agua Erudita, volviéndola de un tono rosado oscuro. Aprendo fácilmente como para estar en Erudición, pero me conozco lo suficiente como para entender que soy demasiado volátil, demasiado emocional, para un lugar como ése. Me estrangularía y lo que quiero es ser libre, no estar encarcelado en otra prisión.
Toma muy poco tiempo para que la chica abnegada que está junto a mí sea llamada. “Erasmus, Anne.”
Anne — otra persona con la que solamente he cruzado un par de palabras —tropieza hacia adelante y camina por el pasillo para llegar al podio donde se encuentra Max. Ella acepta el cuchillo con sus manos temblorosas y corta la palma de su mano y la mantiene sobre el cuenco de Abnegación. Es fácil para ella. Ella no tiene nada por lo que huir, sólo una bienvenida, una comunidad a la que volver. Y, además, ningún abnegado se ha transferido desde hace años. Es la facción más leal, en términos estadísticos de la Ceremonia de Elección.
“Eaton, Tobías.”
No me siento nervioso mientras bajo por el pasillo hacia los cuencos, aunque aún no he escogido mi lugar. Max me ofrece el cuchillo, y mis dedos envuelven el mango. Es suave y frío, y la hoja limpia. Un cuchillo nuevo para cada persona, y una nueva elección.
Mientras camino al centro del cuarto, con los cuencos, veo a Tori, la mujer que me aplicó mi prueba de aptitud. Tú eres quien vivirá con tu elección, me dijo. Su cabello está hacia atrás, y puedo ver un tatuaje sobre su clavícula, junto a su garganta. Sus ojos tocan los míos con una fuerza peculiar y la miro fijamente, inquebrantable, mientras me sitúo en mi lugar éntrelos cuencos.
¿Con qué elección podré vivir? No Erudición o Verdad. No Abnegación, el lugar del que estoy tratando de alejarme. Ni si quiera Concordia, donde estoy demasiado quebrado para pertenecer.
La verdad es, quiero dirigir un cuchillo hacia el corazón de mi padre, para atravesarlo con tanto dolor y vergüenza y decepción como sea posible.
Aquí hay una sola elección que puede hacer eso.
Lo miro, y el asiente, y corto profundamente mi propia palma, tan profundo que el dolor trae lágrimas a mis ojos. Con un parpadeo las alejo y hago un puño con mi mano para que la sangre se concentre ahí. Sus ojos son como mis ojos, un azul oscuro que con una luz como esta hacen que se vean negros, solo agujeros en su cráneo. Mi espalda palpita, mi camisa con cuello araña la carne viva allí, la piel que usaba en el cinturón.
Abro mi mano sobre los carbones. Siento que se queman en mi estómago, llenándome con fuego y humo.
Soy libre
—–
No oigo los vítores de los osados; todo lo que escucho es un zumbido.
Mi nueva facción es como una criatura de muchos brazos, estirándose hacia mí. Me muevo hacia ellos y no me atrevo a mirar atrás para ver la cara de mi padre. Manos dan palmadas a mis brazos, elogiándome por mi elección, y me muevo hacia la parte trasera del grupo, y la sangre envuelve mis dedos.
Me coloco con los demás iniciados, junto a un chico erudito de cabello negro que me evalúa y me termina con una mirada. No debo parecer gran cosa, con mis ropas grises de Abnegación, alto y escuálido tras mi estirón del año pasado. El corte de mi mano brota, derramando sangre en el piso y bajando por mi muñeca. Hice muy profundo el corte con el cuchillo.
Cuando el último de mis compañeros hace su elección, tomo el dobladillo de mi camisa suelta de Abnegación y la rasgo. Rompo una tira de tela y la envuelvo en mi mano para parar el sangrado Ya no necesitaré esta ropa.
Los osados sentados delante nuestro se ponen de pie tan pronto la última persona elige, y corren hacia las puertas, llevándome con ellos. Miro atrás justo antes de llegar a las puertas, incapaz de detenerme, y veo a mi padre  sentado en la fila delantera quieto, otros abnegados se acercan a él. Parece aturdido.
Sonrío un poco, lo hice, yo puse esa expresión en su rostro No soy el hijo Abnegado perfecto, condenado a ser tragado entero por el sistema y disuelto en la oscuridad. En vez de eso soy el primer Abnegado-Osado transferido en más de una década.
Me giro y corro para alcanzar a los otros, no quiero ser dejado atrás. Antes de que salga del cuarto, desabrocho mi larga y rasgada camisa y la dejo caer en el piso. La camiseta gris que llevo debajo es aún de gran tamaño, pero es más oscura, se mezcla bien con la ropa de Osadía.
Bajan rápidamente por las escaleras (toman por asalto las escaleras) abriendo las puertas de golpe, riendo, gritando. Siento ardor en mi espalda, hombros, pulmones y piernas, y de pronto me siento inseguro de la elección que tomé, de estas personas que he reclamado. Son muy ruidosas y salvajes. ¿Podré encontrarme un lugar entre ellos? No lo sé.
Creo que no tengo elección.
Me abro paso a través del grupo, buscando a mis compañeros iniciados, pero parece que han desaparecido. Me muevo hacia un lado del grupo con la esperanza de ver hacia dónde nos dirigimos, y veo las vías del tren suspendidas sobre la calle frente a nosotros en una caja enrejada de madera y metal. Los osados suben las escaleras y se esparcen en la plataforma del tren. Al pie de la escalera, el grupo es tan denso que no encuentro una manera de entrar, pero sé que si no subo las escaleras pronto, perderé el tren, así que me abro paso para entrar. Tengo que apretar mi mandíbula para evitar disculparme mientras le doy codazos a la gente y el impulso de la gente me presiona escaleras arriba.
“No eres un mal corredor,” dice Tori mientras se acerca a mi lado en la plataforma. “Al menos para un abnegado.”
“Gracias.” Digo.
“¿Sabes que pasará ahora, cierto?” Se gira y señala una luz a la distancia, fijada en la parte delantera de un tren en movimiento.  “No parará. Solo bajara la velocidad un poco. Y si no lo logras, eso es todo para ti. Sin Facción. Es una manera fácil de que ser expulsado.”
Asiento con la cabeza. No me sorprende que la iniciación ya haya comenzado, que comenzó el segundo que dejamos la Ceremonia de Elección. Y no me sorprende que los osados esperen que yo me pruebe a mí mismo. Veo al tren acercarse — lo puedo escuchar ahora, silbando sobre las vías.
Ella me sonríe. “Lo harás muy bien aquí. ¿No es así?”
“¿Por qué dices eso?”
Ella se encoge de hombros. “Tú pareces a alguien que está dispuesto a luchar, eso es todo.”
El tren se acerca hacia nosotros, y los osados comienzan a acumularse. Tori corre hacia el borde, y yo la sigo, copiado su postura y movimientos mientras ella se prepara para saltar. Ella se agarra del borde de la puerta y se balancea hacia dentro del tren,  así que hago lo mismo que ella, torpe al principio de mi agarre y tirando de mí mismo hacia dentro.
Pero no estoy preparado para el giro del tren y me tropiezo, golpeando mi cara contra la pared de metal. Agarro mi nariz adolorida.
“Tranquilo.” Uno de los Osados que está dentro dice. Él es más joven que Tori, con piel oscura y una sonrisa fácil.
“La delicadeza es para eruditos presumidos, “ Tori dice. “Él entró al tren, Amar, eso es lo que cuenta.”
“Se supone que él debe de estar en el otro vagón, con los otros iniciados.” Dice Amar. Él me mira, pero no en la misma manera en la que el erudito lo hizo hace unos minutos. Él parece más curioso que nada, como si yo fuera rareza que él debe examinar cuidadosamente para comprenderla. “Si es tu amigo, supongo que está bien. ¿Cuál es tu nombre, estirado?”
El nombre está en mi boca en el segundo que él me lo pregunta, y estoy por responder como siempre lo hago, que soy Tobias Eaton. Debería de ser natural, pero no puedo soportar la idea de decir mi nombre en voz alta, aquí no, entre las personas con las que espero hacer nuevos amigos, mi nueva familia. No puedo —no seré— el hijo de Marcus Eaton nunca más.
“Por mí puedes llamarme Estirado, “digo probando las bromas de Osadía que solo he escuchado en los pasillos y salones de clases hasta ahora. El viento irrumpe en el vagón del tren que va tomando velocidad, y es ruidoso, ruge en mis oídos.
Tori me mira extrañada, por un momento me temo que está por decirle a Amar mi nombre, el cuál supongo ella recuerda de mi prueba de aptitud. Pero ella solo se limita a asentir con la cabeza un poco y se relaja. Me giro  hacia la puerta abierta, mi mano sigue en el borde.
Nunca se me ocurrió que alguna vez negaría mi nombre, o que daría uno falso, construir una nueva identidad para mí mismo. Soy libre aquí, libre de golpear a las personas y libre de rechazarlos e incluso de mentir.
Veo a la calle entre las vigas de madera que soportan las vías del tren, sólo una historia bajo nuestros pies. Pero arriba, las vías viejas dan paso a las nuevas y las plataformas son más altas, envolviéndose alrededor de los techos de los edificios. El ascenso ocurre de manera gradual así que me hubiera dado cuenta de lo que estaba ocurriendo si no hubiera estado mirando el suelo mientras viajamos más y más lejos de él, más y más lejos hacia el cielo.
El miedo hace que mis piernas sean débiles, así que retrocedo de la puerta y me hundo en un sofá junto a una pared mientras espero llegar a donde sea que nos dirigimos.
—–
Sigo en esa posición —agazapado junto a la pared, mi cabeza en mis manos— cuando Amar me mueve con su pie.
“Levántate, Estirado,” él dice sin amabilidad. “Es casi tiempo de brincar.”
“¿Brincar?” digo yo.
“Sí.” Él sonríe. “Este tren no se detiene por nadie.”
Me levanto. La tela que envolví en mi mano está empapada de rojo. Tori se para detrás de mí y me empuja hacia la puerta.
“¡El iniciado primero!”  Ella grita.
“¿Qué haces?” Le pregunto con el ceño fruncido.
“¡Haciéndote un favor!” ella me responde. Ella me empuja nuevamente hacia la puerta. Los demás osados dan un paso atrás para que pase, cada uno de ellos sonriéndome como si yo fuera una comida. Me mezclo hasta el borde, tomando el borde tan fuerte que la punta de mis dedos comienzan a entumecerse. Veo a donde se supone que debo brincar —más adelante las vías envuelven un techo y giran. La distancia paree pequeña desde aquí, pero mientras el tren se acerca, se ve más larga y más larga, y mi muerte inminente parece cada vez más probable.
Mi cuerpo entero se sacude mientras los osados en los vagones nos impulsan a dar el salto. Ninguno de ellos alcanza el techo, pero eso no quiere decir que no seré el primero. Meto mis dedos en la manija y me quedo mirando el techo y me empujo fuera tan fuerte como puedo.
Me estremezco por el impacto y caigo sobre mis manos y rodillas La grava del techo se mete en mi mano herida. Miro mis dedos. Me siento como si el tiempo se lanzara hacia delante, el brinco real ha desaparecido de mi vista y memoria.
“Maldición.” Alguien detrás de mí dice. “Estaba esperando que quizás podríamos raspar algunos pedazos de Estirado del pavimento después. “
Miro el piso y me siento en mis talones. El techo está inclinando y se está balanceando debajo de mí—no sabía que el miedo puede hacer que una persona pueda marearse.
Ahora sé  que ya he pasado dos pruebas de iniciación: me subí a un tren en movimiento y llegué al techo. Ahora la pregunta es ¿Cómo es que los osados se bajan del techo?
Un momento después Amar sube a una plataforma y obtengo mi respuesta.
Ellos nos harán brincar.
Cierro mis ojos y simulo que no estoy aquí, arrodillado en el suelo con estos locos pintados con tinta alrededor mío. Vine aquí para escapar, pero esto no es un escape, solamente es una forma diferente de tortura y es demasiado tarde para escapar de ella. Mi única esperanza es, entonces, sobrevivir.
“¡Bienvenidos a Osadía!” Amar grita. “Donde ya sea hagan frente a sus miedos y no intentar morir en el proceso, o salir como un cobarde. Tenemos un bajo registro de transferidos este año, como era de esperar.”
Los osados que están junto a Amar golpean al aire y gritan, dando por hecho de que nadie quiere unirse a ellos como estandarte de orgullo.
“La única manera de entrar al cuartel de Osadía desde este techo es brincar desde esta plataforma,” Amar dice, abriendo ampliamente sus brazos para indicar el espacio vacío que hay alrededor de él. Él se inclina hacia atrás en sus talones y agita sus brazos, como si estuviera a punto de caer, después de atrapa a sí mismo y sonríe.  Hago una respiración profunda y la mantengo.
“Como de costumbre, ofrezco la oportunidad de ir primeros a nuestros iniciados, nacidos en Osadía o no.” El baja de la plataforma y señala con la cabeza la plataforma.
El grupo de los jóvenes osados que están cerca del techo cambian miradas. De pie a un lado está el chico de Erudición de antes, una chica de Concordia, dos chicos y una chica de Verdad. Somos seis.
Uno de los osados avanza, un chico de piel oscura que se hace señas para atraer aplausos de sus amigos.
“¡Vamos, Zeke!” una de las chicas grita.
Zeke brinca a la plataforma pero calcula mal el brinco y se inclina hacia adelante, perdiendo su equilibrio. El grita algo incomprensible y desaparece. La chica de Verdad jadea, cubriendo su boca con una mano, pero los amigos de Zeke se echan a reír. No creo que fuera el momento dramático, heroico que él tuvo en mente.
Amar, sonriendo, vuelve a señalar la plataforma. Los nacidos en Osadía hacen línea detrás de ella y también lo hacen el chico de Erudición y la chica de Cordialidad. Creo que tengo que unirme a ellos. Tengo que brincar, no importa cómo me sienta al respecto. Me muevo detrás de la línea, rígido como mis articulaciones son tornillos oxidados. Amar mira su reloj y señala a cada brincador intervalos de treinta segundos.
La línea se hace pequeña, se disuelve.
De repente se ha ido y soy el único que queda. Me paro en la plataforma y espero la señal de Amar. El solo se está ocultando detrás de los edificios a la distancia, la línea irregular desconocida desde este ángulo. La luz brilla de dorado cerca del horizonte, y el viento corre por el costado del edificio, levantando mi ropa de mi cuerpo.
“Adelante.” Amar dice.
Cierro mis ojos y me congelo…
Cierro los ojos, y estoy paralizado; no puedo lanzarme del techo. Todo lo que puedo hacer es inclinarme y caer. Mi estomago cae y mis extremidades se revuelven en el aire en busca de algo, lo que sea con el fin de sostenerse, pero no hay nada, solo el precipicio, el aire y la desenfrenada búsqueda por tierra firme.
Después me golpeo contra una red.
Se curva alrededor de mí, envolviéndome en sus fuertes hilos. Algunas manos me llaman desde la orilla. Engancho mis dedos en la red y me impulso hacía ellos. Caigo de pie en una plataforma de madera, y un hombre con piel morena y moretones en los nudillos me mira. Max.
“¡El Estirado!” me da una palmada en la espalda, haciéndome retroceder. “Es un gusto ver que llegaste tan lejos. Ve a unirte con tus compañeros. Amar bajará en un segundo, estoy seguro.”
Detrás de él hay un túnel negro con paredes de roca. La guarida de Osadía esta bajo tierra – Asumí que estaría colgado de una serie de cuerdas frágiles en un edificio alto, una clara manifestación de mis peores pesadillas.
Trato de bajar las escaleras y reunirme con los demás trasferidos. Al parecer mis piernas vuelven a caminar. La chica de Concordia me sonríe. “Eso fue sorprendentemente divertido,” dice. “Me llamo Mia. ¿Estás bien?”
“Parece que intenta no vomitar,” uno de los de Verdad dice.
“Solo deja que pase, hombre,” otro chico de de Verdad agrega. “Nos encantaría ver una escenita.”
Mi respuesta sale de la nada. “Cállense” suelto.
Para mi sorpresa, ellos se callan. Supongo que nadie de Abnegación les ha dicho que se callen.
Unos segundos después, veo a Amar en la orilla de la red. Baja las escaleras, luciendo salvaje y despeinado y listo para el siguiente truco loco. El atrae a todos los iniciados, y nos juntamos en la puerta del túnel en un semicírculo.
Amar coloca sus manos unidas frente a  él.
“Mi nombre es Amar,” dice. “Soy su instructor en la iniciación. Yo crecí aquí y hace tres años, complete la iniciación con gran éxito, lo que significa que ahora estoy a cargo de los iniciados por el tiempo que yo quiera. Considérense suertudos.”
“Los nacidos en Osadía y trasferidos hacen su entrenamiento físico separados, así los nacidos  aquí no puedan destruir a los transferidos inmediatamente-“Ante este comentario los nacidos en Osadía, que se encuentran al otro extremo del semicírculo sonríen. “Pero este año estamos intentando algo diferente. Los líderes de Osadía y yo queremos ver si conociendo sus miedos antes de su entrenamiento los puede preparar para el resto de la iniciación, Así que antes de dejarlo pasar al comedor a cenar, vamos a hacer un autodescubrimiento. Síganme.”
“¿Qué pasa si yo no me quiero descubrir?” pregunta Zeke.
Todo lo que amar tiene que hacer es mirarlo para que Zeke se ocultase entre el grupo de los nacidos en Osadía otra vez. Amar no es como alguien que ya he conocido –afable un minuto y severo al siguiente, e incluso las dos al mismo tiempo.
El guía el camino hacia el túnel, después se detiene en una puerta construida en la pared y la empuja para abrirla con su hombro.  Lo seguimos hacia un cuarto húmedo con un vidrio gigante en la parte trasera. Por encima de nosotros las luces fluorescentes parpadean y tiemblan, mientras tanto Amar está ocupado con una maquina muy parecida a la que usaron para administrar mi prueba de aptitud. Escucho un goteo – y observo que en la esquina hay un charco y en el techo una gotera.
“Esto es el cuarto del paisaje del miedo” Amar dice sin mirar hacia arriba. “Un paisaje del miedo es una simulación en la cual te enfrentas a tus peores miedos.”
En la mesa a lado de la maquina, ordenadamente hay una fila de jeringas. Para mí, se ven siniestras debajo de esa luz parpadeante, como si ellas también fueran instrumentos de tortura, cuchillos y espadas y atizadores calientes.
Eric, el chico de Erudición

Eric, el chico de Erudición

“¿Cómo es esto posible?” dice el chico de Erudición, “Tú no sabes nuestros peores miedos.”

“Eric, ¿cierto?” Amar dice, “Estas en lo correcto, no conozco sus peores miedos, pero el suero que les inyectaré va a estimular ciertas partes del cerebro que procesan el miedo, y tu solo vas a traer los obstáculos, por decirlo así. En esta simulación, en contraste con la simulación en la prueba de aptitud, tu estarás consiente que lo que estás viendo no es real.  Mientras tanto, yo estaré en este cuarto, controlando la simulación, para saber decirle en qué momento debe de cambiar al siguiente obstáculo una vez que tu pulso cardiaco alcance cierto nivel – una vez que te tranquilices, o en otras palabras, enfrentes tu miedo en un modo significante. Cuando te quedes sin miedos, el programa terminará y te despertará en este cuarto otra vez pero ahora consciente de tus propios miedos.”
El toma un de las jeringas y hace señas a Eric.
“Permíteme satisfacer tu curiosa sabiduría” Amar dice. “Tú serás el primero.”
“Pero –“
“Pero,” Amar dice suavemente. “Soy tu instructor en la iniciación y si te interesa un poco deberías de hacer lo que yo te diga.”
Eric se queda paralizado por un momento, después se quita su chamarra azul, la dobla a la mitad y la coloca en el respaldo de la silla. Sus movimientos son lentos y deliberados – premeditados, sospechó, para irritar a Amar lo mas que se pueda. Eric se acerca a Amar, quien inyecta el suero casi salvajemente en un lado del cuello de Eric. Después dirige a Eric al siguiente cuarto.
Una vez que Eric está de pie en medio del cuarto detrás del vidrio, Amar lo vincula a la máquina de simulación con electrodos y presiona algo detrás de la pantalla de la computadora para que el programa inicie.
Eric está tranquilo, sus manos a los lados. Nos mira a través de la ventana y un momento después, no se ha movido, se ve como si mirara algo más, mientras la simulación comenzó. Pero no grita o golpea o llora como yo esperaría de alguien que afronta sus peores miedos. La frecuencia de su corazón se graba en el monitor frente e Amar, sube y sube como un pájaro tomando vuelo.
Tiene miedo, tiene miedo, pero no se está moviendo.
— ¿Qué pasa? —Me pregunta Mía— ¿El suero está funcionando?
Asiento.
Mir a Eric respirar profundo en sus entrañas y exhala por la nariz. Su cuerpo se sacude, tiembla, como si el suelo se derrumbara bajo sus pies, pero sus respiraciones son lentas e incluso, sus músculos se tensan y se relajan cada pocos segundos, como si se pusiera tenso por accidente y después corrigiera su error. Vi su frecuencia cardiaca en el monitor frente a Amar, lo vi ralentizarse más y más hasta que Amar toca la pantalla, forzando el programa a continuar.
Eso pasa una y otra vez con cada nuevo miedo. Conté los miedos mientras pasaban en silencio, diez, once, doce. Después Amar toca la pantalla una última vez y el cuerpo de Eric se relaja. Parpadea, lentamente, luego finge una sonrisa a la ventana.
Me di cuenta de que los nacidos en Osadía, usualmente comentan rápido cualquier cosa, son silenciosos. Eso debe significar que lo que siento está bien—que Eric es alguien de quien hay que cuidarse. Quizás incluso alguien de quien hay que temer.
—–
Por más de una hora miro a los otros iniciados enfrentar sus miedos, corriendo y brincando y apuntando armas invisibles y, en algunos casos, boca abajo, sollozando. Algunas veces tengo la sensación de lo que ellos ven, el rastreo, temores rastreros que los atormentan. Pero la mayoría del tiempo los villanos de los que se protegen son privados, solo conocidos por ellos y Amar.
Me quedo en la parte de atrás de la habitación, reduciéndome cada vez que él llama a la siguiente persona. Pero ahora soy el último en la habitación y Mia está terminando, sacando su pasaje de miedo cuando está agachada contra la pared trasera, su cabeza está en sus manos. Se levanta, se ve cansada y arrastra los pies fuera del cuarto sin esperar a Amar para despedirla. Él mira la última jeringa en la mesa, luego a mí.
—Solo tú y yo, Estirado —dice—. Vamos terminemos con esto.
Me paro frente a él. Apenas siento la aguja entrar; nunca he tenido problemas con las inyecciones, aunque algunos de los otros iniciados tienen los ojos llorosos antes de la inyección. Entro a la habitación de al lado y miro a la ventana, que parece un espejo del otro lado. En el momento antes de la simulación hace efecto, puedo verme a mí mismo en la manera en que otros me han visto, encorvado y enterrado en tela, alto y huesudo y sangrando. Trato de enderezarme y me sorprende la diferencia, sorprendido por la sombra de la fuerza me veo a mí mismo y justo antes la habitación desaparece.
Imágenes llenan el espacio en pedazos, el horizonte de nuestra ciudad, el hoyo en el pavimento, siente historias debajo de mí, la línea de la repisa debajo de mis pies. El viento se precipita por el lado del edificio, más fuerte de lo que era cuando estaba aquí en la vida real, moviendo mi ropa con mucha fuerza y empujándome desde todos los ángulos. Luego el edificio crece conmigo en la punta, llevándome lejos del suelo. El hoyo se cierra y duro pavimento lo cubre.
Me encojo lejos de la orilla, pero el viento no me deja retroceder. Mi corazón late más fuerte y rápido mientras afronto la realidad de lo que debo hacer; tengo que saltar de nuevo, esta vez sin pensar que no será doloroso cuando golpee el suelo.
Un panqueque Estirado
Muevo mis manos, apretó los ojos cerrados, y grito por los dientes. Luego me dejo llevar por el viento y desciendo, rápido. Golpeo el suelo.
Abrasador, dolor al rojo vivo se precipita a través de mí, solo un segundo.
Me levanto, limpiando el polvo de mi mejilla y espero por el siguiente obstáculo. No tengo idea de qué será. No me he tomado mucho tiempo para considerar mis miedos, o incluso qué significa no tener miedo, conquistarlo. Se me ocurre que sin miedo, sería fuerte, poderoso, imparable. La idea me seduce solo por un momento antes de que algo me golpee fuerte en la espalda.
Luego algo me golpea por el lado derecho, y el lado izquierdo y estoy encerrado en una caja lo suficientemente grande solo para mi cuerpo. La conmoción me protege del pánico, al principio y después respiro el aire encerrado y miro en la vacía oscuridad y mis entrañas se aprietan más y más. No puedo respirar más. No puedo respirar.
Me muerdo el labio inferior para evitar sollozar—no quiero que Amar me vea llorar, no quiero que le diga a los Osadía que soy un cobarde. Tengo que pensar, no puedo pensar mientras me sofoco en esta caja. La pared contra mi espalda es la misma que en mi memoria, de cuando era joven, encerrado en la oscuridad en al cuarto de las escaleras como castigo. Nunca estaba seguro de cuándo terminaría, cuántas horas estaría atrapado con un monstruo imaginario acercándose a mí en la oscuridad, con el sonido de los sollozos de mi madre que se colaban por las paredes.
Cerré las manos contra el muro frente a mí, otra vez y otra vez, luego la arañé, pensando en las astillas debajo de mis uñas. Levanté los antebrazos y golpeé la caja con todo el peso de mi cuerpo, otra vez y otra vez, cerrando los ojos así podía pretender que no estaba aquí. Déjame salir déjame salir déjame salir.
— ¡Piensa en ello, Estirado! —La voz se apaga y yo sigo. Recuerdo que esto es una simulación.
Piensa en ello. ¿Qué necesito para salir de esta caja? Necesito una herramienta, algo más fuerte que yo. Golpeé algo con mis pies y me agaché para recogerlo. Pero cuando me agaché, la tapa de la caja se movió conmigo y no podía enderezarme de  nuevo. Me tragué un grito y encontré el extremo puntiagudo de una palanca con mis dedos. La introduje entre las formas que formaban la esquila izquierda de la caja y la empuje tan fuerte como pude.
Todos los bordes brincaron al mismo tiempo y cayeron al suelo a mí alrededor. Respiré el aire fresco aliviado.
Después una mujer apareció enfrente de mí. No reconozco su cara, y su ropa es blanca, no pertenece a ninguna facción. Me moví hasta ella y una mensa cayó frente a mí, con un arma y balas en ella.  Fruncí el ceño.
¿Esto es un miedo?
— ¿Quién eres? —le pregunté y ella no respondió.
Es claro lo que se supone que haga—tomar el arma y disparar la bala. El temor se construye en mi interior, tan poderoso como cualquier miedo. Mi boca se seca y titubeo para tomar la bala y la pistola. Nunca antes he sostenido un arma, así que me toma unos segundos averiguar cómo abrir la cámara de la pistola. En esos segundos pienso en la luz abandonando sus ojos, esta mujer no sé, no sé lo suficiente para preocuparme por ella.
Tengo miedo—tengo miedo de lo que me pedirán hacer en Osadía, de lo que voy a querer hacer.
Miedo de algún tipo de violencia escondida dentro de mí, forjada por mi padre y por los años de silencio a los que mi facción me forzó.
Deslizo la bala dentro de la cámara, luego sostengo la pistola con ambas manos, la herida en mi palma palpitante. Miro la cara de la mujer. Su labio inferior se tambalea y sus ojos se llenan de lágrimas.
—Lo siento. —digo y jalo el gatillo.
Veo el hoyo oscuro que la bala hace en su cuerpo y cae en el suelo, evaporándose en una nube de polvo al contacto.
Pero el terror no desaparece. Sé que algo está por venir; lo puedo sentir creciendo dentro de mí. Marcus aún no ha aparecido, y lo hará, lo sé tan bien como conozco mi propio nombre. Nuestro nombre.
Un círculo de luz me envuelve, y en su borde, veo zapatos grises usados. Marcus Eaton se abre paso en el borde de la luz, pero no es el Marcus Eaton que conozco. Este tiene hoyos por ojos y unas fauces negras enormes en lugar de boca.
Otro Marcus Eaton se para a su lado y lentamente, por todo el círculo, más y más monstruos versión de mi padre se acercan para rodearme, su bostezo, bocas enormes sin dientes totalmente abiertas, sus cabezas inclinándose hacia ángulos extraños. Aprieto mis manos en puños. No es real. Obviamente no es real.
El primer Marcus se desabrocha el cinturón y lo desliza  fuera de su cadera, presilla por presilla, y mientras lo hace, también los otros Marcuses. Mientras lo hacen, los cinturones se convierten en cuerdas se metal, con barbas el final. Ellos arrastran sus cinturones en líneas por el suelo, sus aceitosas lenguas negras se deslizan por el contorno de sus bocas negras. Al mismo tiempo atraen hacia atrás las cuerdas de mera, y grito a tope con mis pulmones, envolviendo los brazos alrededor de mi cabeza.
“Esto es por tu propio bien”, los Marcus dicen en voces metálicas, unidas, como un coro.
Siento dolor, lagrimeo, rasguños, trituraciones. Caigo de rodillas y aprieto mis brazos contra mis oídos como si pudieran protegerme, pero nada puede hacerlo, nada.
Grito una y otra vez, pero el dolor sigue, y la voz también. “¡No tendré un hijo egoísta en mi casa!”, “¡No eduqué a mi hijo para ser un mentiroso!”
No puedo oír, no lo haré
Una imagen de la figura que mi madre me dio viene a mi mente, sin invitación. La veo donde la dejé en mi escritorio, y el dolor comienza a alejarse.
Concentro todos mis pensamientos en él y los demás objetos esparcidos en mi habitación, rota, la parte superior del baúl suelta sus bisagras. Recuerdo las manos de mi madre, con sus dedos delgados cerrando el baúl, asegurándolo y dándome la llave.
Una por únalas voces, desaparecen, hasta que no queda ni una.
Dejo que mis brazos caigan al suelo, esperando al siguiente obstáculo, mis nudillos raspan el suelo de piedra, que esta frío y granoso con suciedad. Escucho pasos y me preparo para lo que venga, pero entonces escucho la voz de Amar, “¿Eso es todo?” dice. “¿Es todo lo que hay?”, Dios, estirado.
Se para a lado de mí y me ofrece su mano. La tomo y dejo que me levante. No lo miro, no quiero ver su expresión. No quiero saber lo que sabe, no quiero convertirme en el patético iniciado con la infancia arruinada.
“Deberíamos buscarte un nuevo nombre”, dice casualmente, “algo más rudo que “estirado” como “espada” o “asesino” o algo.” Lo único que hago es mirarlo. Esta sonriendo un poco. También veo un poco de lástima en esa sonrisa, pero no tanta como creí que vería.
“A mí tampoco me gustaría decirle mi nombre a la gente”, dice, “vamos, consigamos algo de comer.
Amar me lleva a la mesa de los iniciados ya que estamos en el comedor. Hay algunos  Osadía/osados sentados en las mesas alrededor, mirando al otro lado del comedor, donde perforados y tatuados chefs aún preparan la comida. El comedor es una caverna iluminada desde abajo con lámparas azul blanquecino, dando a todo un brillo misterioso.
Me siento en una de las sillas vacías.
“Jesús estirado, te ves como a punto de desmayarte”, dice Eric, y uno de los chicos Verdad sonríe.
“Todos salieron vivos”, dice Amar, “Felicidades, lo hicieron en el primer día de iniciación, con diferentes grados de éxito”. Él mira a Eric, “sin embargo, ninguno de ustedes lo hizo tan bien como Cuatro”
El me señala mientras habla, yo frunzo el ceño-“¿Cuatro?”, ¿está hablando de mis miedos?
“Oye Tori, Amar la llama, “¿alguna vez escuchaste de alguien teniendo solo cuatro miedos en su paisaje?”
“La última vez que escuché el record era de siete u ocho, ¿por qué?”
“Tengo un transferido aquí con solo cuatro” Tori me señala y Amar asiente.
“Eso será un nuevo record” dice Tori
“Bien hecho”, me dice Amar, luego se voltea y camina hacia la mesa de Tori.
Todos los iniciados me miran, quietos y con los ojos muy abiertos. Antes del paisaje del miedo, solo era alguien que podían pisar en su camino a pertenecer a Osadía, ahora soy como Eric. Alguien a quien vale la pena mirar, tal vez alguien a quien vale la pena temer.
Amar me dio más que un nuevo nombre. Me dio poder.
“¿Cuál es tu nombre otra vez? ¿Empieza con E…?”, me pregunta Eric entrecerrando los ojos como si supiera algo pero no estuviera seguro de decirlo ahora.
Los otros tal vez recuerden mi nombre también, vagamente, de la ceremonia de elección, de la manera que yo recuerdo los suyos-solo letras en el alfabeto, enterrados bajo una neblina, nervioso cuando anticipaba mi propia elección. Si golpeo en sus memorias ahora, lo más duro que pueda, convirtiéndome así de memorable como mi yo osado, tal vez pueda salvarme.
Dudo por un momento, entonces pongo mis codos sobre la mesa y alzo una ceja hacia él.
“Mi nombre es Cuatro” digo. “Llámame “Estirado” otra vez y tendremos problemas”.
El rueda sus ojos, pero sé que fui claro. Tengo un nuevo nombre, lo que significa que puedo ser una nueva persona. Alguien que no puede aguantar comentarios de los sabelotodo de Sabiduría. Alguien que puede defenderse.
Alguien que esta finalmente listo, para luchar.
Cuatro.tumblr_m99wlhOtde1r71lmxo1_500
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Nos leemos! An.
P.D: En este link: https://leoestudio.wordpress.com/2013/10/07/the-transfer-veronica-roth-pdf/ podéis encontrar los PDF´s, tanto en español como en inglés para que los podáis descargar. 😉
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